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Identidad corporativa, CSRD y construcción de marca

 

Alinear identidad visual y verbal con obligaciones de reporte y coherencia

La llegada de la CSRD (Corporate Sustainability Reporting Directive), en vigor desde 2022, ha cambiado las reglas del juego para las grandes empresas europeas. Supone una de las normativas más ambiciosas y estructurales en materia de sostenibilidad corporativa, que redefine cómo se debe rendir cuentas sobre el impacto ambiental, social y de gobernanza.

La CSRD exige reportar, bajo los conocidos estándares ESRS, más de 1.100 data points entre indicadores, métricas e información cualitativa, en función de la evaluación de doble materialidad. La complejidad de este marco sigue llevando a la Unión Europea a replantearse los parámetros más adecuados según el tipo de empresa, dadas las dificultades evidentes que comporta esta rendición de cuentas. Pero tan crítico como esta profunda recolección de datos es que las empresas se enfrenten a la revisión de su identidad corporativa y del relato de marca, a la luz de información inapelable. En otras palabras, la balanza se mueve entre demostrar y comunicar.

Identidad corporativa: más que una estética, una estructura de credibilidad

Durante años, la identidad corporativa ha sido para muchos un ejercicio visual —logos, colores, tono— o, en el mejor de los casos, la construcción de una narrativa inspiradora ligada al propósito. Pero frente a la CSRD, esa mirada resulta claramente insuficiente.

Una marca que declara “compromiso ambiental”, “circularidad”, “impacto positivo” o “neutralidad climática” debe poder respaldar sus afirmaciones con datos verificables. Si lo que promete en su identidad verbal no se refleja en su reporte, la inconsistencia no es solo estética: es una exposición relevante a riesgo reputacional, legal y operativo. Por eso, la identidad pasa a ser una infraestructura de coherencia que debe conectar lo que la empresa comunica, lo que reporta y lo que ejecuta, desde el rigor.

Identidad corporativa: más que una estética, una estructura de credibilidad

Durante años, la identidad corporativa ha sido para muchos un ejercicio visual —logos, colores, tono— o, en el mejor de los casos, la construcción de una narrativa inspiradora ligada al propósito. Pero frente a la CSRD, esa mirada resulta claramente insuficiente.

Una marca que declara “compromiso ambiental”, “circularidad”, “impacto positivo” o “neutralidad climática” debe poder respaldar sus afirmaciones con datos verificables. Si lo que promete en su identidad verbal no se refleja en su reporte, la inconsistencia no es solo estética: es una exposición relevante a riesgo reputacional, legal y operativo. Por eso, la identidad pasa a ser una infraestructura de coherencia que debe conectar lo que la empresa comunica, lo que reporta y lo que ejecuta, desde el rigor.

La CSRD como espejo: cuando la narrativa deja de ser suficiente

La CSRD obliga a reportar con un nivel de profundidad que supone repensar muchas áreas de la organización. Se deben incluir políticas, objetivos, indicadores, gobernanza, riesgos materiales, impacto en la cadena de valor y compromisos futuros, entre muchos otros aspectos. Y esto, justamente, obliga a revisar un error frecuente: una identidad desconectada del desempeño real.

El propósito necesita verificación. La narrativa necesita respaldo.

Una marca que afirma “ser parte de la solución” no puede delegar la credibilidad en frases inspiradoras. Debe demostrar su alineación con los datos que reporta, las políticas implementadas y su capacidad para abordar —de forma clara— los aspectos aún pendientes de mejora.

En Strategic-Projects trabajamos precisamente ese cruce entre identidad, evidencia y relato. Acompañamos a las marcas en procesos de reorientación o construcción de su comunicación desde un enfoque que puede ir mucho más allá del branding, y formar parte de una transformación empresarial más profunda, si es el caso.

Identidad visual y verbal que cumplen: integrar diseño y datos

La identidad visual también debe adaptarse a este nuevo contexto. Cada claim, cada icono y cada recurso gráfico pueden ser leídos —y cuestionados— desde el marco de la transparencia regulada, bajo la lógica de la coherencia verificable.

Esto se traduce en una identidad visual y verbal que actúe como interfaz clara y honesta con sus públicos. Para ello, es clave:

  • – Representar los datos de forma comprensible y precisa.
  • – Comunicar los avances sin recurrir a exageraciones.
  • – Reflejar los ejes estratégicos como clima, circularidad, derechos humanos o gobernanza.
  • – Mantener la coherencia entre lo que se publica en informes, páginas web y canales institucionales.
  • – Evitar contradicciones entre imagen, copy y desempeño real.

Con la nueva Directiva europea contra el greenwashing (UE 2024/825), cualquier afirmación medioambiental o de sostenibilidad deberá ser verificable, clara y respaldada por datos. Las marcas ya no pueden utilizar lenguaje “verde” de forma genérica o decorativa: deben demostrarlo.

Hasta hace poco, una narrativa bien construida bastaba para generar legitimidad. Hoy, con marcos regulatorios como la CSRD, la legitimidad no es una cuestión de percepción. Es una cuestión de evidencia.

La coherencia se convierte en una licencia social y legal para operar. Social, porque el consumidor, el inversor y el talento detectan la incongruencia en segundos. Legal, porque cualquier discrepancia entre narrativa y datos puede ser considerada engañosa o incluso greenwashing.

La identidad deja de ser solo imagen. Pasa a ser un reflejo estructural del desempeño corporativo.

De la memoria al significado: construir marca desde la verificación

Frente a la presión regulatoria, muchas organizaciones reaccionan generando más memorias, más infografías. Pero el volumen no garantiza valor. Esa coherencia no es espontánea: se construye desde procesos estratégicos que articulan lo que la marca dice con lo que hace. Para lograrlo, es necesario:

  • – Traducir los datos en narrativa estratégica.
  • – Integrar el desempeño ESG en la identidad verbal.
  • – Convertir los valores en diseño, tono y comportamiento de marca.
  • – Comunicar con exactitud, sin ruido ni opacidad.
  • – Alinear propósito, estrategia y reputación en un mismo sistema narrativo.
  • – Demostrar que los compromisos se gestionan, se miden y se corrigen.

En Strategic-Projects trabajamos con marcas que necesitan alinear su identidad con un entorno exigente, que ya no premia las buenas intenciones, sino las estrategias que se sostienen con hechos.

 

Identidad corporativa con rigor y visión

La CSRD marca un antes y un después. Las marcas que asuman su profundidad, y no la simplifiquen como una carga documental, tendrán una gran ventaja. No se trata de producir más información, sino de diseñar coherencia con visión estratégica.

El futuro del branding en este contexto se construye con claridad, trazabilidad y alineación.

¿Quieres que tu identidad corporativa esté alineada con la CSRD o VSME de forma estratégica, rigurosa y creíble?

En Strategic-Projects acompañamos a organizaciones que entienden que su identidad ya no se diseña solo para ser vista, sino para ser validada.

Diseñamos estrategias para marcas que quieren ser relevantes y auténticas   

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